COMERCIO Y POBREZA, ¿SON CAUSA-EFECTO?


A lo largo de todo el siglo XIX se produjeron, hasta el estallido de la primera guerra mundial, dos grandes acontecimientos económicos. El primero fue que las naciones más destacadas de la Europa occidental experimentaron una revolución industrial. Sin embargo, esta revolución no ocurrió en los países de la periferia pobre. Esto comenzó a generar una brecha abierta entre el nivel de vida y la renta per cápita de los países industriales punteros y los de la periferia pobre, que poco a poco se irían ensanchando de manera espectacular llegando a alcanzar unos niveles muy similares a los que tenemos hoy en día. 
El segundo motivo fue que el mundo se globalizó. Esto tuvo lugar debido a que las barreras comerciales cayeron a una velocidad vertiginosa y el comercio de las materias primas experimentó un gran auge. Los países de la periferia pobre experimentaron de primera mano de unos términos de intercambio en constante crecimiento. La explosión de los términos de intercambio vino provocado por el aumento extraordinario tanto de la demanda de los insumos necesarios para alimentar a las fábricas de Europa, como la de los productos alimentarios de lujo que consumían los ciudadanos económicamente boyantes que vivían en ellos.
Fue consecuente ver cómo los países de la periferia pobre explotaron adecuadamente este auge al especializarse cada vez más en la exportación de productos básicos, mientras que la Europa Occidental optaría por dedicarse prioritariamente a la exportación de productos manufacturados.
Dada esta situación, se llega a la conclusión de que la correlación entre la paulatina globalización del mundo y la brecha económica de rápido crecimiento que separó a los países pobres de las naciones ricas obedece a un vínculo causa-efecto. No obstante, para poder esclarecer tal conclusión, previamente se estudiaron los canales de impacto que tuvo la Primera Globalización. Fueron tres los más relevantes: la desindustrialización, el aumento de la desigualdad y la volatilidad de los precios de los productos básicos.



Tengamos en cuenta en primer lugar a la desindustrialización, entendida como el desplazamiento de la mano de obra que la extrae de las manufacturas para concentrarla en la agricultura. El comercio mundial vino a reforzar la industrialización del centro rico, suprimiéndola en cambio en la periferia. Pero pese a que la industria es un vector de crecimiento, la explosión comercial que provocó desindustrialización en los países pobres, no afectó negativamente a los mismos en una primera estancia, sino que mejoraron sus tasas de crecimiento también, ya que estos fueron especializándose progresivamente en la exportación de productos básicos, explotando las ganancias derivadas del comercio. No obstante, algunas regiones supieron sortear mejor que otras los efectos destructivos de la desindustrialización, como es el caso de México, la cual a través de unas medidas políticas-económicas consiguió que los efectos de la desindustrialización no se retrasaran y fueran más livianos.


Sin embargo, la intensidad del empujón que el comercio dio a sus tasas de crecimiento fue mucho menor de lo que debiera, puesto que, a diferencia de los países del centro rico, no supieron proporcionar a su crecimiento endógeno el impulso de la industrialización.

 

En segundo lugar, la explosión del comercio global acabó incrementando la desigualdad de manera espectacular en la mayoría de los países de la periferia pobre. Esta desigualdad vino provocada porque las tierras, las minas y otros recursos naturales que constituían la base de la explosión de sus exportaciones de materias primas se hallaban en manos de la oligarquía rica.

 

La creciente desigualdad incrementó el poder político de la oligarquía, una oligarquía cuyo interés radicaba tanto en reforzar las instituciones y fomentar las políticas gubernamentales tendentes a recompensar sus ansias de rendimiento como en suprimir al mismo tiempo aquellas que hubieran podido impulsar el crecimiento.

 

El tercer canal de impacto fue la volatilidad de los precios de los productos básicos. El hecho de que los países de la periferia pobre se especializaran en la elaboración de productos básicos les expondrían a una mayor volatilidad de los precios y de los ingresos, y esto es muy perjudicial para el crecimiento. Además, los precios de los productos básicos son más volátiles que los de los productos manufacturados, de ahí que los términos de intercambio de la periferia pobre fueran muchísimo más volátiles que los de los países del centro rico.



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